¿Qué tan fuerte es el deseo sexual de las mujeres?

Monogamia ¿imposición social o comportamiento biológico? Foto: Flickr / Kawaii Dragon

Hace un mes el libro What do Women Want (¿Qué es lo que quieren las mujeres?) del colaborador del New York Times y periodista Daniel Bergner llamó la atención del mundo por la aparente explotación del mito de que el deseo sexual femenino es menor que el de los hombres.

La publicación se basa en un artículo de 2009 que provocó gran controversia, por la afirmación de que las mujeres se excitan al ver simios teniendo relaciones sexuales, así como hombres homosexuales. El patrón sexual de excitación nunca se ha visto entre hombres heterosexuales lujuriosos.

El periodista detalla los resultados de un estudio sobre excitación sexual que dice: “sin importar la orientación sexual que proclamen, las mujeres mostraron en general una fuerte excitación genital cuando la pantalla mostró a hombres con hombres, mujeres con mujeres y mujeres con hombres. Respondieron objetivamente mucho más a mujeres que toman el control, que a los hombres dóciles y su pulso subió rápida y claramente, aunque en un grado menor que durante las escenas humanas, mientras vieron a los simios.”

De acuerdo al autor, la variedad de escenas sexuales que excitan a las mujeres, muestra qué tan libidinosas son en realidad. El deseo sexual femenino es “omnívoro” y “animal” y a pesar de la presunción de que el “eros” femenino está mejor hecho para la monogamia, esto es más bien “un cuento de hadas.”

¿Fortaleza o debilidad?

Bergner argumenta que uno de los ideales más firmes de nuestra cultura es la monogamia, por la seguridad que nos hace sentir. Define nuestra identidad romántica, la forma de nuestras familias, nuestros sueños domésticos y moldea nuestras creencias sobre lo que significa ser un buen padre. Así, permanecer con un solo compañero es una de las costuras cruciales que mantiene a la sociedad contenida.

La idea de que además las mujeres tienen tendencias biológicas hacia la fidelidad y el cuidado de la familia, se apoya en la psicología evolucionista, que compara a los hombres con las mujeres, permeando nuestra consciencia y tranquilizando los miedos, de acuerdo al autor.

Entonces, la clama de Bergner es que la monogamia es una manera social de reprimir la naturaleza sexual de las mujeres, que es tanto injusto como mojigato.

Pero su naturaleza podría ser tanto su fuerza, como afirma el periodista, o su “debilidad” como dejan ver las prácticas sociales. Que las mujeres se sientan estimuladas por tal variedad de tentaciones, implica flexibilidad y por lo tanto voluntad de priorizar la monogamia sobre la libido.

Esa es la postura de Roy Baumeister, investigador psicológico merecedor del premio por trayectoria de la Asociación de Ciencia Psicológica este año. Hace una década, el científico emprendió una investigación sobre la influencia de factores sociales y culturales en el comportamiento sexual, que es consistentemente más fuerte sobre las mujeres que sobre los hombres. Con esto pretendía determinar si el deseo sexual femenino era efectivamente menor que el masculino, o si solamente estaba más controlado.

Flexibilidad

Baumeister encontró después de múltiples pruebas, que las mujeres son sexualmente más adaptables que los hombres. Por ejemplo, las lesbianas son más proclives a acostarse con hombres, que los hombres gay con mujeres.

Otro ejemplo, es el de la generación de la liberación sexual de los 60. En un estudio comparativo de quienes maduraron antes y después de mencionado momento, encontraron que las actitudes de las mujeres cambiaron más que las de los hombres.

Mencionada flexibilidad también salta a la vista en los hábitos sexuales entre parejas. La libido femenina fluctúa durante el mes, dependiendo de su ovulación y menstruación. Sin embargo, las parejas no tienen más o menos sexo dependiendo del momento del mes. Más bien, la frecuencia puede medirse en patrones de días o semanas. Una encuesta de 1991, examinó la brecha entre la frecuencia en que hombres y mujeres tienen sexo sin desearlo y encontró que era mayor entre ellas, pues el 82% de las mujeres tuvieron relaciones sexuales sin quererlo, comparado con el 60% de los hombres.

Lo anterior coincide con la argumentación de Baumeister de que “las mujeres podrían estar más dispuestas a adaptar su sexualidad a normas locales y contextos ante situaciones distintas, porque su conducta no es impulsada por deseos fuertes ni antojos, como hacen los hombres.

¿Deseo o propósito?

La investigación de Baumeister concluyó en que el deseo sexual de las mujeres no era igual que el de los hombres, sino menor. La recepción de sus resultados fue de escepticismo entre sus colegas, que lo vieron como un argumento “obsoleto, erróneo y ofensivo” de acuerdo al psicólogo.

Pero a lo que se refería Baumeister era a las intenciones finales de hombres y mujeres al tener sexo.

La meta de los hombres al tener sexo, es el sexo mismo. Un estudio de 1996 encontró que siete de cada 10 hombres (contra cuatro de cada 10 mujeres). En el mismo estudio, 35% de las mujeres dijeron que el amor y la intimidad eran metas importantes del sexo, contra el 13% de los hombres. Además, varios estudios indican que los hombres piensan más sobre sexo. Al llevar registro de deseos sexuales a lo largo de siete días, los hombres reportaron el doble que ellas.

La culpa

Todo parecería indicar que los resultados de Baumeister, efectivamente están condicionados a la presión social que padecen las mujeres, obligadas a la monogamia y a flexibilizar sus deseos a la norma masculina. Los hombres tienen más permiso que las mujeres a ser sexuales y por ende, son más abiertos sobre sus deseos.

Pero los resultados del psicólogo indican lo contrario. Los hombres sienten más culpa tanto de masturbarse (13% contra 10) que las mujeres, como de pensar en sexo. En una encuesta, los hombres respondieron afirmativamente a estos enunciados: “Pienso más en sexo de lo que me gustaría” y “Debo luchar para mantener mis pensamientos sexuales y comportamiento bajo control”.

A propósito de la culpa, los patrones sexuales de sacerdotes y monjas católicas cobran especial relevancia. El clero son un grupo de personas con castidad impuesta por sí mismos.

En 1995, una encuesta encontró que la mayoría de los sacerdotes se masturban. En 1192, otro encontró que el 62% de ellos y el 49% de ellas han tenido actividad sexual después de ordenarse, y que una cuarta parte de los hombres habían tenido cinco o más parejas, contra sólo el 3% de las mujeres con el mismo número.

En pareja

Además de la actividad sexual sin deseo, los hombres y mujeres difieren durante el matrimonio. Una encuesta de 1977 de matrimonios de 20 años de duración, reportó que los hombres querían más sexo que sus esposas. Baumeister describió que “los hombres querían un incremento de actividad sexual de un 50% respecto a la que tenían en sus matrimonios.” El resultado fue consistente en un país conocido por su apertura sexual, Suecia. El investigador afirmó entonces que “los hombres son significativamente más sexuales que sus mujeres, en todas las edades.”

Monogamia

Otra aproximación a la tendencia a la monogamia, son los hábitos entre parejas homosexuales. Investigaciones indican que las mujeres son más monógamas que los hombres. Un estudio indica que el 82% de los hombres gay participantes, tuvieron sexo fuera de su relación, contra sólo el 28% de las mujeres. Más del 40% de los hombres con pareja reportaron tener encuentros con más de 20 personas, contra tan sólo el 1% de las mujeres.

Entonces, de acuerdo a Baumeister, lo anterior es consistente con que las mujeres son la fuerza restrictiva en el sexo. Sin mujeres que digan que no, los hombres son mucho más promiscuos. Un famoso estudio de 1989, lo demostró de la siguiente manera:

Un grupo de atractivos asistentes se acercaron a varios estudiantes universitarios durante un día y les preguntaron: “Te he visto por ahí y te encuentro muy atractivo, ¿te gustaría acostarte conmigo?” Tres cuartas partes de los hombres dijeron que sí, 0% de las chicas lo hicieron.

Bergner argumenta que la monogamia mata la libido femenina, pero es que la fidelidad a una sola pareja no tiene la finalidad de satisfacerla. La monogamia tiene un finalidad: proteger al resultado de la actividad sexual, es decir a los niños. Robert Wright los explica en The Moral Animal “la recompensa genética de tener a dos padres devotos uno al otro, es el bienestar del niño y es la razón por la que los hombres y mujeres se enamoran, incluyendo relaciones a largo plazo.”

Lo cual, Bergner confirma con su propio ejemplo. En este cita el caso de Isabel, que aceptó la propuesta de matrimonio con su novio, a pesar de que su vida sexual no era satisfactoria. Aunque fuera guapo, inteligente y buena persona, no era muy bueno en la cama, lo que disminuía su deseo. Comparada con su relación con Michael, un novio anterior, que era mucho más sensual, la que sostenía con su futuro marido no era tan divertida, pero la seguridad de que Michael jamás se comprometería a una vida con ella, la hizo tomar la decisión de dar el sí.

Fuente: The Atlantic

10537299_557830844342581_5225059312461137906_n  Jorge Trigueros: Narcoléptico no diagnosticado, agente del caos, músico obsesionado con canciones de tres acordes, personalidad auto destructiva de fin de semana. Su gato se llama Jagger.

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